Líneas de investigación

Geomorfología periglaciar

Geomorfología glaciar

Geomorfología volcánica

Biogeografía

Paisaje

Patrimonio natural y cultural

Riesgos naturales

 

Fotointerpretación, Teledetección y Sistemas de Información Geográfica

En las últimas décadas, se ha consolidado el uso de algunas técnicas y tecnologías de gran utilidad para el estudio de los diferentes components del medio natural, así como de los factores que intervienen en su transformación, por ejemplo, la sociedad humana dando lugar al paisaje. La utilidad de la fotointerpretación, la teledetección y los sistemas de información geográfica (SIG) se fundamenta en la capacidad que ofrecen para identificar, caracterizar y analizar, con gran precisión, los elementos y fenómenos que tienen lugar en el territorio; asimismo para el seguimiento de su evolución. Además, cabe destacar la importancia de poder almacenar la información obtenida en bases de datos ordenadas y clasificadas en soportes digitales, indexadas con su representación cartográfica y georreferenciadas en el espacio.

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Así, la fotointerpretación y la teledetección permiten la realización de esquemas litológicos, geomorfológicos, hidrogeográficos, biogeográficos (formaciones vegetales) e incluso de unidades de paisaje y otros elementos territriales antrópicos, de tanto interés para la geografia y otras disciplinas académicas y técnicas, en orden a atender las necesidades de la investigación y la ordenación territorial. Todo el material acopiado se puede implementar e integrar en un SIG con el que almacenarlo, relacionarlo y desarrollarlo para, finalmente, hacer mapas representativos y explicativos de la realidad, generar proyecciones y plantear propuestas de desarrollo, conservación, protección, prevención de riesgos o lo que proceda. Sin embargo, estas herramientas nunca deben sustituir al trabjo de campo y, en todo caso, los resultados han de ser contrastados con los conocimientos adquiridos sobre el terreno (Beato, 2015).

 

Región Volcánica Central de España

La Región Volcánica Central de España es el término empleado, por vez primera, por Eduardo Hernández-Pacheco en 1927 y posteriormente por su hijo Francisco en 1932, para referirse al conjunto de las áreas volcánicas situadas en la provincia de Ciudad Real. En concreto, la Región Volcánica Central de España se compone de seis zonas volcánicas que albergan alrededor de unos 257 volcanes dispersos sobre una extensión de unos 3.500 km2. La zona de mayor importancia tanto por su extensión, diversidad de morfologías y número de volcanes es el Campo de Calatrava (201), situado en el centro de la provincia de Ciudad Real, seguido por los Montes de Ciudad Real (15), Valle del Ojailén  (15) y Valle de Alcudia (12) en la Sierra Morena ciudarealeña; en tanto que en los extremos septentrional y oriental, esto es, en los Montes de Toledo y en La Mancha la cifra casi es testimonial con 6 y 3 respectivamente (Poblete, 2015).

 

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La Región Volcánica Central de España se caracteriza por un volcanismo intraplaca de naturaleza básica y monogénico. Se trata de volcanes centrales y simples controlados por fracturas de dirección ONO-ESE a NO-SE, las principales, y de ENE-OSO a NE-SO las secundarias (Ancochea, 1983; López-Ruiz et al., 1993; Cebriá et al., 2011; Herrero et al., 2012). Los tipos de volcanes predominantes son básicamente maares, conos estrombolianos y domos exógenos (Poblete, 1994). No obstante, en los primeros años del presente siglo algunos trabajos han puesto de manifiesto a través de evidencias geomorfológicas y/o análisis volcanoestratigráficos, el carácter poligénico de varios edificios volcánicos de esta región, así como una edad más reciente para algunos episodios eruptivos, en concreto, entre el Pleistoceno medio y el Holoceno (Poblete, 2002; Poblete y Ruiz, 2002 y 2007; Poblete et al., 2014).

 

Cordillera Cantábrica

Como resultado de la colisión alpina entre la placa Euroasiática y la microplaca Ibérica durante la orogénesis Alpina, se produjo el levantamiento de la Cordillera Cantábrica,

una cadena montañosa litoral de más de 450 km, que se extiende a lo largo del norte de la Península Ibérica, entre Galicia y los Pirineos, las cuencas del Duero y del Ebro y el mar Cantábrico. Mientras que en el oeste afloran materiales precámbricos y paleozoicos, en el oeste el dominio es de la cobertera sedimentaria mesozoica. De este modo, la Cordillera Cantábrica puede dividirse en tres sectores. El occidental, entre Asturias y Galicia, de  sierras de elevación moderada que siguen las formas del Arco astúrico de origen varisco. En esta zona el modelado está marcado por la erosión diferencial y la deformación alpina  únicamente es mostrada por algunas cuencas terciarias limitadas por fallas. En el centro se encuentra el Macizo Asturiano, donde la cordillera alcanza sus mayores altitudes (por encima de los 2.400 m en Las Ubiñas y los Picos de Europa) armada en las calizas de montaña, basamento paleozoico levantado durante la deformación Alpina. El dominio Vascocantábrico supone la parte oriental de la cordillera. Está formado por potentes series mesozoicas con relieves que raramente superan los 1500 m.
El patrimonio natural y cultural de la Cordillera Cantábrica es excelente debido a la confluencia de variados factores litológicos, geomorfológicos, climáticos y biológicos, asimismo por una explotación secular tradicional que se adaptó a estos espacios montanos generando paisajes de gran calidad.
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Montaña Central Asturiana
Dentro del Macizo Asturiano, encumbrado por los Picos de Europa, existen otras áreas montanas de menor altitud y renombre pero de gran interés científico y socioeconómico por su riqueza litológica, geomorfológica, biológica y paisajística. Es el caso de la Montaña Central Asturiana, compuesta por unidades singulares como el Macizo somedano, Las Ubiñas, Las sierras de Sobia y el Aramo, así como por los valles, sierras y montañas del Caudal y el Aller (Pajares, San Isidro). La plétora de recursos de esta área viene dada por los contrastes litológicos entre distintas rocas básicas y ácidas, las formas de modelado glaciar, periglaciar, fluvial, de vertientes; así como por diferentes ambientes bioclimáticos que dan lugar a la existencia de 27 series de vegetación potencial. Esta biodiversidad es más aún por las actividades agro-silvo-pastoriles tradicionales que han generado territorios de gran carácter.
Sierra del Aramo
La sierra del Aramo constituye el sector más septentrional de la Montaña Central Asturiana. En este sentido, es la elevación más importante del área central de Asturias donde se concentra el 90 % de la población del principado y el grueso de sus infraestructuras y actividades socioeconómicas. La minería, la eplotación forestal y, sobre todo, la ganadería han tenido una impronta secular en el Aramo y así, se han configurado variados paisajes armados sobre un imponente apilamiento de estratos calizos fuertemente carstificados. La existencia de varios pisos bioclimáticos y diferentes ambientes condicionados por la topografía explican también la plétora biológica de la sierra. Todo esto hace del Aramo un lugar privilegiado para analizar la transformación de los elementos del medio físico y de la cultura (en su concepción antropológica) producidos al compás de los cambios de la sociedad urbana, tecnológica e industrial.
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Arribes del Duero

 

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